Principios básicos de urbanidad:
- Respetar al otro: su carácter, su amor propio, sus opiniones, caprichos, costumbres, etc.. El respeto va más allá de la tolerancia.
- Saber escuchar: descubrir quién es el otro, qué quiere, qué piensa. Hablar sin descanso es una descortesía hacia los demás, y además revela cierto egoísmo.
- Comprender, antes que juzgar: no odiar al otro ni hablar mal de él ante otros por lo que creemos que son sus defectos. Siempre es mejor preguntarse: ¿qué hace que la persona que nos molesta actúe de la forma en qué lo hace? Así, será más fácil que comprendamos y más difícil que odiemos.
- Pensar antes de actuar o de hablar: elegir siempre la mejor oportunidad, no ser imprudente. Evitar palabras molestas, observaciones poco delicadas, descorteses o demasiado personales.
- Ser discreto: no hacer preguntas que nos hagan parecer excesivamente curiosos, ni divulgar los secretos que otros nos han confiado. De lo contrario, nos ganaremos que nadie confíe en nosotros.
- No ser impertinente: evitar hacer comentarios sobre historia, ciencia, cultura o arte cuando no se conoce el grado de conocimiento de las personas que escuchan.
- Empatizar con el otro: percibir cuál es su estado anímico y, según eso, decir lo que sea apropiado.
Estas son algunas normas cívicas que son muy importantes y deben de ser respetadas por todo ciudadano. Todas estas reglas, podrían sintetizarse en: TRATAR A LOS DEMÁS COMO NOS GUSTARÍA SER TRATADOS, resultan básicas para vivir civilizadamente.
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